En la orilla del mar de Galilea,
Juan dejó la red y el atardecer.
Junto a su hermano escuchó la voz:
“¡Sígueme! Serás pescador de Dios”.
Hijo del trueno, fuego celestial,
el Maestro lo amó con amor sin igual.
Desde aquel día su alma cambió,
y en cada palabra, su espíritu ardió.
📖 “Y andando Jesús junto al mar de Galilea, vio a dos hermanos, Simón llamado Pedro, y Andrés su hermano, que echaban la red en el mar; porque eran pescadores. Y les dijo: Venid en pos de mí, y os haré pescadores de hombres.” (Mateo 4:18-19)
Juan, el discípulo amado,
cerca del pecho del Salvador.
Testigo del Verbo encarnado,
profeta del Reino y del gran Amor.
Dios es amor, lo escribió sin temor,
y con su vida nos dio el resplandor.
De la cruz a la gloria vio la verdad:
¡Jesús es la luz, la vida, la paz!
📖 “Y uno de sus discípulos, al cual Jesús amaba, estaba recostado al lado de Jesús.” (Juan 13:23)
📖 “El que no ama, no ha conocido a Dios; porque Dios es amor.” (1 Juan 4:8)
📖 “En Él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres.” (Juan 1:4)
En la montaña vio su resplandor,
en Getsemaní, sintió su clamor.
Y al pie de la cruz escuchó su voz:
“Ahí está tu madre… cuídala por Mí, Juan”.
Fue más que un testigo: fue corazón,
confidente fiel de la revelación.
En la última cena, su alma entendió:
el Amor eterno en Jesús brilló.
📖 “Y se transfiguró delante de ellos; y resplandeció su rostro como el sol, y sus vestidos se hicieron blancos como la luz.” (Mateo 17:2)
📖 “Estaban junto a la cruz de Jesús su madre, y la hermana de su madre, María mujer de Cleofas, y María Magdalena. Cuando vio Jesús a su madre, y al discípulo a quien él amaba, que estaba presente, dijo a su madre: Mujer, he ahí tu hijo.” (Juan 19:25-26)
📖 “El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada con él.” (Juan 14:23)
En la isla de Patmos, en soledad,
se abrió el cielo y Dios habló en verdad:
“Yo soy el Alfa y la Omega, Juan,
escribe lo que ves, la historia final.”
Trompetas, truenos y tronos de luz,
siete candeleros, gloria de Jesús.
Su voz como aguas, fuego en su mirar,
¡el Hijo del Hombre viene a reinar!
📖 “Yo Juan, vuestro hermano, que participo con vosotros en la tribulación, en el reino y en la paciencia de Jesucristo, estaba en la isla llamada Patmos, por causa de la palabra de Dios y el testimonio de Jesucristo.” (Apocalipsis 1:9)
📖 “Yo soy el Alfa y la Omega, principio y fin, dice el Señor, el que es y que era y que ha de venir, el Todopoderoso.” (Apocalipsis 1:8)
📖 “Su voz era como estruendo de muchas aguas… y su rostro era como el sol cuando resplandece en su fuerza.” (Apocalipsis 1:15-16)
“En el principio era el Verbo”, escribió,
y el Verbo era Dios, y todo creó.
El discípulo amado dejó su canción:
que el Amor eterno es la salvación.
Juan, apóstol de luz y verdad,
su legado vivirá hasta la eternidad.
📖 “En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios.” (Juan 1:1)
📖 “Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros, lleno de gracia y de verdad.” (Juan 1:14)
Tu llamado fue anunciar lo eterno,
¡Evangelio rugiendo como trueno!
La luz venció, el Cordero reinó,
el discípulo amado, su voz resonó.
Y aún nos llama...
¡Es tiempo de anunciar el Evangelio fiel!
📖 “Y este evangelio del reino será predicado en todo el mundo, para testimonio a todas las naciones; y entonces vendrá el fin.” (Mateo 24:14)
(Tono narrativo profundo y sereno, con fondo de olas suaves y cuerdas etéreas)
Esta alabanza nació en un momento de silencio…
en una oración profunda donde el alma buscaba entender
qué significa realmente amar a Jesús.
Entre lágrimas y paz,
una voz interior susurró un nombre:
“Juan, el discípulo amado.”
Y en esa revelación sencilla… todo tomó sentido.
Juan no fue solo un testigo de los milagros del Maestro,
ni un seguidor entre la multitud.
Fue aquel que reposó su cabeza sobre el corazón de Cristo,
el que escuchó los latidos del amor eterno,
el que permaneció al pie de la cruz cuando todos huyeron.
Esta canción fue inspirada en su mirada,
en su silencio lleno de fe,
en su comprensión íntima del misterio más grande:
que Dios no solo reina en poder… sino que habita en amor.
Desde la orilla del mar de Galilea hasta la isla de Patmos,
Juan vio al Cristo humilde y al Cristo glorioso,
al siervo que lava los pies y al Rey que resplandece en fuego.
Y entre ambos extremos de la historia,
descubrió una verdad eterna:
“El Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros.”
📖 “Y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad.” (Juan 1:14)
El contexto de esta alabanza surge de esa dualidad divina:
del Cristo cercano que ama,
y del Cristo eterno que reina.
De ese amor que no pide explicación,
solo entrega, redime y transforma.
Cada verso es un eco del evangelio según Juan:
una carta escrita con el corazón,
un testimonio que atraviesa los siglos para recordarnos que —
más allá del servicio, del ministerio o del milagro —
el verdadero llamado del discípulo es amar.
El mensaje de esta canción es simple, pero inmenso:
que el amor es la revelación más alta de Dios,
que la cercanía del corazón de Cristo es el lugar donde todo cambia,
y que aún hoy, esa voz sigue diciendo:
“Sígueme… y aprende de Mí.”